Una mente inquieta arrastrando una maleta un tanto pesada,
casi tanto como la caminata que llevó hasta llegar a aquel lugar.
Un lugar en el que la amistad crecía o al menos, en algunos casos, persistía.
Los mejores años, o al menos eso dicen los más medrados.
[Por el momento, todo perfecto.]
Un chico de otra dimensión: simpático y con una apariencia llena de fascinación.
Un interés afable. Digamos que se trataba de uno de esos intereses que te hace querer saber más y más de la persona que tenía en frente, y eso queráis o no molaba.
Durmió lo más rápido posible para volver a encontrarse con él en el ascensor.