12/1/18

mi despedida.

Seguro que habéis oído el tópico de "odio las despedidas". Incluso yo misma no he parado de repetirlo. Ahora, las sigo odiando. Pero a una en concreto le tengo mucho cariño.
Es mi despedida en bucle y la más sincera de todas. Es una de esas despedidas que envenena cuando te despides. Sin embargo, siempre te despide con la mejor versión de sí misma, cada vez,  con una mejorada de su versión original.
Sé que es difícil de entender, de hecho para mi siempre será "la despedida". Y no, nada de canciones de reggaeton, ni finales tristes. Eran uno de esos "punto y coma" que no terminaban jamás y que se comían cada vez con más ganas. Siempre dejaban sitio para el postre (el principio de cada una de sus despedidas),  porque en el punto y final nunca había tiempo, ni siquiera espacio.
Después de cada punto y coma,  siempre dejaban pasar ese tiempo. Las agujas del reloj corrían más rápidas que ellos hasta que decidían saludarse de nuevo. Por no hablar del espacio. El suficiente como para que se olvidaran, pero no mutuamente.
Suena contradictorio, lo sé.

Pero la coma quería tanto
                        al punto que un día
                                      lo dejó marchar, y no.
                                                  No hubo despedida.
                                                           Sólo un beso, un par de lágrimas
                                                                                     y cuatro palabras bonitas.

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