Jugamos a apostar
para ver quien perdía más,
pero al final nos
perdimos
demasiado
los
dos.
" Con 16 años soñaba con ser un pez, porque dicen que los peces no tienen memoria, y si no te acuerdas de nada, puedes levantarte cada día y vivirlo todo como si fuera la primera vez. "
31/1/18
28/1/18
Distancia mortal.
No sé si creer,
no sé si sentir,
no sé si querer,
ni si moriría por ti.
No sé porqué, pero cada vez creo más en la distancia. No fue culpa de mi cuerpo quererte con todo el alma, tampoco sé si me queda algo de ella para quererme a mí misma.
No niego, si afirmo que me pegaste un corazón hecho trizas, y que ahora eres tú el que se ha atrevido a despegarlo. Tú, amante de las rayaduras de cabeza y de los puzzles difíciles de sobremesa, desencajaste lo que un día en mi mente encajaba y con tus bonitas manías me hiciste creer que lo bonito de despegar son los aviones que lo hacen sin pensar. Que el viaje no consiste en el destino, sino en disfrutar. Fuiste el rey de cada vuelo, y me tenías en las nubes; créeme, nadie me había hecho viajar tan arriba, nadie fue capaz de hacerme sentir entre algodones, ni hacer que un parque viejo tornara en uno nuevo hasta cuando veíamos llover.
No sé porqué, pero cada vez creo más en la distancia. Y mi alma y mi cuerpo hasta ahora no eran capaces de separarse. A alguien se le ocurrió la brillante idea de apodarme como Platón.
Me obsesioné, porque el amor no mata, matan las personas, todas ellas con almas racionales.
Y yo, que tengo en la cabeza cada uno de los pájaros con los que solíamos volar, nunca he sabido darme cuenta de que mi “mundo sensible” no era el mismo concepto que el tuyo, Aris. Y sí, así te llamaba cuando te besaba el alma y el cuerpo. Y hablo en pasado, porque ya no más, lo juro.
Ya no más dualismos antropológicos. Me paso a tus teorías. Esas teorías que no te funcionan, pero que al utilizarlas contigo, me darán distinto resultado. Me paso al pasotismo y al hilemorfismo. Y que se muera mi alma si quiere, que como mi cuerpo y el tuyo, nunca serán inmortales. Y nosotros, mortales como nuestro alma y nuestro cuerpo, según tus teorías, jamás estaremos destinados a ser.
12/1/18
mi despedida.
Seguro que habéis oído el tópico de "odio las despedidas". Incluso yo misma no he parado de repetirlo. Ahora, las sigo odiando. Pero a una en concreto le tengo mucho cariño.
Es mi despedida en bucle y la más sincera de todas. Es una de esas despedidas que envenena cuando te despides. Sin embargo, siempre te despide con la mejor versión de sí misma, cada vez, con una mejorada de su versión original.
Sé que es difícil de entender, de hecho para mi siempre será "la despedida". Y no, nada de canciones de reggaeton, ni finales tristes. Eran uno de esos "punto y coma" que no terminaban jamás y que se comían cada vez con más ganas. Siempre dejaban sitio para el postre (el principio de cada una de sus despedidas), porque en el punto y final nunca había tiempo, ni siquiera espacio.
Después de cada punto y coma, siempre dejaban pasar ese tiempo. Las agujas del reloj corrían más rápidas que ellos hasta que decidían saludarse de nuevo. Por no hablar del espacio. El suficiente como para que se olvidaran, pero no mutuamente.
Suena contradictorio, lo sé.
Pero la coma quería tanto
al punto que un día
lo dejó marchar, y no.
No hubo despedida.
Sólo un beso, un par de lágrimas
y cuatro palabras bonitas.
Es mi despedida en bucle y la más sincera de todas. Es una de esas despedidas que envenena cuando te despides. Sin embargo, siempre te despide con la mejor versión de sí misma, cada vez, con una mejorada de su versión original.
Sé que es difícil de entender, de hecho para mi siempre será "la despedida". Y no, nada de canciones de reggaeton, ni finales tristes. Eran uno de esos "punto y coma" que no terminaban jamás y que se comían cada vez con más ganas. Siempre dejaban sitio para el postre (el principio de cada una de sus despedidas), porque en el punto y final nunca había tiempo, ni siquiera espacio.
Después de cada punto y coma, siempre dejaban pasar ese tiempo. Las agujas del reloj corrían más rápidas que ellos hasta que decidían saludarse de nuevo. Por no hablar del espacio. El suficiente como para que se olvidaran, pero no mutuamente.
Suena contradictorio, lo sé.
Pero la coma quería tanto
al punto que un día
lo dejó marchar, y no.
No hubo despedida.
Sólo un beso, un par de lágrimas
y cuatro palabras bonitas.
2/1/18
Es jodido.
Lo que él no sabe es que fui para aclarar mis sentimientos, y que una vez más, al verle estaban a flor de piel. Siempre estamos con la duda y por miedo a pensarlo, nos distanciamos todavía más que esos kilómetros. Cada vez que le miro a los ojos, veo demasiadas cosas bastante jodidas de explicar, porque ni yo misma sé bien lo que veo; sólo estoy segura de que cada una de ellas me impacta más que la anterior. Tengo cuidado contigo, confío, pero no me fío; te quiero pero te odio por la misma razón. Y como digo, siempre somos eso; dos almas apagadas que se funden cuando están a milímetros, llenas de polvos, que se hacen polvo cuando desaparece su presencia y eso es lo que angustia. A solas, agusto. Un mundo entero un tanto psicodélico, que sólo ellos entienden, los demás no tienen ni puta idea de lo que hay dentro porque ni ellos mismos se aclaran. Pero que más da, las emociones son como los cardiogramas; subidas y bajadas, que si acaban siendo lineales te acabas muriendo de repente .
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