25/3/17

Rutina.

Decidí salir a buscarte. Crucé la carretera, en sentido opuesto a lo que estábamos acostumbrados. Hacía frío, mucho frío. Y el telefonillo ajeno disfrutaba viéndome llorar.
Fue un día turbio. Incluso más que los anteriores en los que decidiste dejarme de hablar.
Vivía contigo, por y para ti. ¿Y ahora qué?
Me abandonas en los días más tristes de diciembre. Mientras caen las tormentas más fuertes y las gotas más dolorosas.
El tabaco ya no huele a ti y aunque no te lo puedas ni creer, me duele.
Duele ver humo y que desvaneciéndose no aparezcan tus ojos grises desenfocados en segundo plano.
Hoy, pienso en la playa y en tus paseos haciéndole compañía a cada una de las olas.
El periódico en tus manos no se arruga igual que en otras.
Y en el Castilla, los cafés no huelen tan puros como cuando decidías quedarte cada mediodía a saborearlos.
A tu lado tantos días, que me está dejando sorda eso de no oír tu silbido llamándome para estar más contigo. Y que aunque le joda al tiempo, esos momentos a tu lado, para mí, seguirán siendo eternos.


24/3/17

Hemisferios.



Soñando con los ojos abiertos,
los sueños más despiertos,
con las mentes más abiertas.

Las mentes más abiertas,
con las neuronas más completas,
los hemisferios más concretos.

Más concretos que tu orientación,
cuya atracción era la declaración
de un amor lleno de fascinación.

Fascinación una vez más obsoleta
el romanticismo de una isleta
en la que tu automóvil decidió estacionar.

Estacionar en los sueños más despiertos,
soñando con los ojos abiertos,
y el impacto sonó como un CRASH.

El CRASH de un impacto directo,
no del todo completo,
efímero que una vez más,
                     se quedó atrás...