De veras le encantaba viajar.
Ponerse las gafas y mirar el sol detenidamente.
De veras le encantaba navegar por internet,
y por el mar...el yate era pequeño;
los sueños, inmensos.
Volaba entre nubes y alas de aluminio.
Horas y horas viendo amaneceres, atardeceres y anocheceres,
pensando que en el único lugar en el que podría vivir, sería el cielo.
La prohibición del tabaco le impedía invadir su estrés,
al viajar tantas horas viendo superficies y pequeñas luces parpadeando
por las distintas ciudades.
Al darse cuenta de que no fumaba,
y de que el avión ya había aterrizado, ahí estaba él.
Sonriéndole y dándole la bienvenida.
La única frase que oí susurrarle :
"Me he enamorado de ti, querido Orlando."