-Las palabras se las lleva el viento.-
Como un niño con una cometa.
Hablándole cada día de alas,
enseñándole las técnicas de vuelo.
Ilusionándola con poder volar.
Un día el sol decidió salir al balcón,
decidió ver el despegue de su corazón.
El viento y la tormenta fueron de la mano
y jugaste con sus ilusiones
prometiéndole que iba a volar,
echándole la culpa al viento
por no saber observar,
por no ser capaz de ver
todas las nubes grises
que andaban detrás.
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