Cada día que salgo por aquella puerta de madera, aquella que tanto suena cuando la cierras. Aquella que nunca ha chirriado por ser vieja pero con buen estado de animo.
Una puerta que ha vivido tantos años que ha visto crecer niños y morir adultos.
Que ha visto cada estación del año como si fueran rutinas, como si el frío la desgastara y en verano necesitara barniz para brillar más.
Esa puerta algún día será reemplazada, como una fábrica de sueños escritos en papel. En un papel que proviene del mismo árbol con el que se talló aquella maravillosa puerta que nunca quedará en el olvido.
Una bonita metáfora para saber que los abuelos son la cosa más valiosa del mundo, ven todo, lo saben todo sobre la vida sin estudiar, saben de donde vienen y donde van a acabar pero siempre nos acaban marcando como ninguna otra persona.
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