Pero de lo que más me entraron ganas fue de soñar.
Y cuando una soñadora comienza a soñar, sus palabras se teletransportan,
sus sueños, permanecen.
Y ahí el suelo son nubes y lo más bajo que puedes caer es entre algodón.
Y ahí las lágrimas son arcoiris que se van cuando paras de soñar, junto con el suelo de piedra en el que acabarás.
Pero recuerda, si los sueños no te asustan, no son suficientemente grandes como para poderlos alcanzar. >>
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Las aportaciones subjetivas me llenarán como bloggera, las constructivas a mejorar y las negativas sin argumentos a ignorar y a avanzar.