3/2/15

La nieve la volvió más fría.

Estaba cansada de lo que veía tras esas pupilas que tanto odiaba.
Tras esa cortina de pestañas lacrimógenas que le impedían ver la realidad con claridad.
Voces desafinadas y desgastadas gritaban en un silencio incapaz de callar todos los miedos que jamás decía.
Mejillas pálidas, que por un momento dejaron de ser rosadas.
La piel casi tan fría como la preciosa dama Alaska en pleno invierno.
Su pelo caído solo era movido por el misterioso viento que rodeaba todo su cuerpo.
En sus dedos, pellejos de sangre, marcados por momentos de tensión y nerviosismo.
Ya no era ella, ni su felicidad las que habían hecho que estuviera allí.
O quizá...que no estuviera.

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