Decidí salir a buscarte. Crucé la carretera, en sentido opuesto a lo que estábamos acostumbrados. Hacía frío, mucho frío. Y el telefonillo ajeno disfrutaba viéndome llorar.
Fue un día turbio. Incluso más que los anteriores en los que decidiste dejarme de hablar.
Vivía contigo, por y para ti. ¿Y ahora qué?
Me abandonas en los días más tristes de diciembre. Mientras caen las tormentas más fuertes y las gotas más dolorosas.
El tabaco ya no huele a ti y aunque no te lo puedas ni creer, me duele.
Duele ver humo y que desvaneciéndose no aparezcan tus ojos grises desenfocados en segundo plano.
Hoy, pienso en la playa y en tus paseos haciéndole compañía a cada una de las olas.
El periódico en tus manos no se arruga igual que en otras.
Y en el Castilla, los cafés no huelen tan puros como cuando decidías quedarte cada mediodía a saborearlos.
A tu lado tantos días, que me está dejando sorda eso de no oír tu silbido llamándome para estar más contigo. Y que aunque le joda al tiempo, esos momentos a tu lado, para mí, seguirán siendo eternos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Las aportaciones subjetivas me llenarán como bloggera, las constructivas a mejorar y las negativas sin argumentos a ignorar y a avanzar.