24/4/17

Permanente.

Lo teníamos todo, meriendas, cafés e incluso ganas.
Me regalabas rosas, cartas y una gran cantidad de besos.
Me dedicabas canciones, autógrafos en papel y también tu tiempo.
Nos enfadábamos. 
Yo más que tú, (como no) pero a los minutos la cólera acababa en dulces "te echo de menos".
Comenzamos a poner fin a las cursilerías, y a centramos más en actos.
Desde ese momento, comprendimos que el amor no consistía en ver quien decía más "te quiero", 
sino en que lo sintiéramos los dos sin necesidad alguna de decirlo.
Me cuidaste. 
Mucho. 
Tanto, que ahora he aprendido a valorar lo que es sentirse a gusto con alguien.
Y a sentir el valor de haber aprendido tanto de ti.



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Las aportaciones subjetivas me llenarán como bloggera, las constructivas a mejorar y las negativas sin argumentos a ignorar y a avanzar.