No sé si creer,
no sé si sentir,
no sé si querer,
ni si moriría por ti.
No sé porqué, pero cada vez creo más en la distancia. No fue culpa de mi cuerpo quererte con todo el alma, tampoco sé si me queda algo de ella para quererme a mí misma.
No niego, si afirmo que me pegaste un corazón hecho trizas, y que ahora eres tú el que se ha atrevido a despegarlo. Tú, amante de las rayaduras de cabeza y de los puzzles difíciles de sobremesa, desencajaste lo que un día en mi mente encajaba y con tus bonitas manías me hiciste creer que lo bonito de despegar son los aviones que lo hacen sin pensar. Que el viaje no consiste en el destino, sino en disfrutar. Fuiste el rey de cada vuelo, y me tenías en las nubes; créeme, nadie me había hecho viajar tan arriba, nadie fue capaz de hacerme sentir entre algodones, ni hacer que un parque viejo tornara en uno nuevo hasta cuando veíamos llover.
No sé porqué, pero cada vez creo más en la distancia. Y mi alma y mi cuerpo hasta ahora no eran capaces de separarse. A alguien se le ocurrió la brillante idea de apodarme como Platón.
Me obsesioné, porque el amor no mata, matan las personas, todas ellas con almas racionales.
Y yo, que tengo en la cabeza cada uno de los pájaros con los que solíamos volar, nunca he sabido darme cuenta de que mi “mundo sensible” no era el mismo concepto que el tuyo, Aris. Y sí, así te llamaba cuando te besaba el alma y el cuerpo. Y hablo en pasado, porque ya no más, lo juro.
Ya no más dualismos antropológicos. Me paso a tus teorías. Esas teorías que no te funcionan, pero que al utilizarlas contigo, me darán distinto resultado. Me paso al pasotismo y al hilemorfismo. Y que se muera mi alma si quiere, que como mi cuerpo y el tuyo, nunca serán inmortales. Y nosotros, mortales como nuestro alma y nuestro cuerpo, según tus teorías, jamás estaremos destinados a ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Las aportaciones subjetivas me llenarán como bloggera, las constructivas a mejorar y las negativas sin argumentos a ignorar y a avanzar.