19/2/18

un (des)amor de película.

Ya no sé ni que escribir, si ya te lo he escrito todo. Por saber sé que no te importo y que de nada me sirve haberte siquiera escrito. Suena contradictorio, pero no lo es. Una ya se cansa de escribir a quien no es capaz de leerle o quizás a quien le lee y no quiere darse cuenta de lo que está escrito.
No soy experta en escribir el destino, ni siquiera he tratado de hacerlo. Mis escritos son pasado y presente. El futuro ya está escrito; o al menos, eso dicen en las películas.
Y sí, contigo me lo he pasado de cine, pero de la comedia romántica pasamos al drama sin darnos cuenta y en pocos minutos me hiciste llorar demasiado. A veces he dudado que todo el miedo que teníamos pudiera ser reflejado en una película de terror, pero posiblemente me asusté de pensarlo.
Luego decidí pensar que lo nuestro había sido una serie, en la que cada vez necesitamos más y más capítulos para quitarnos el mono, aunque tú preferiste fumar para quitártelo cuanto antes.
Era una serie llena de temporadas; en invierno, en primavera, en verano y quien sabe si en otoño teníamos alguna que otra buena. Todas y cada una de las malas acababan con un final feliz, pero el último capítulo no terminó como me hubiera gustado. Tornamos a un giro de guión demasiado brusco, hasta me mareé de tanto darle vueltas a la cabeza.
Te galardonaron al mejor actor; a mí sólo me felicitaban porque reflejaba muy bien los sentimientos. Los productores no se dieron cuenta de que lo mío no era un papel, ni de que mis lágrimas no eran falsas. Los redactores me dejaron escribir nuestro final, pero yo siempre estoy esperando el siguiente capítulo.

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