Quizá tiene razón Shakespeare en eso de que "los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes."
Hasta nosotros mismos tenemos miedo de nuestras ánimas engatusadas, que algún día acabarán formando parte de otro alma.
Las lágrimas de hoy serán la sed de poesía de mañana.
Los versos que olvidamos dar a todos aquellos que se desvanecieron en el cielo, como aquellas poesías sobre mariquitas, que en una infancia desdeñada escribimos.
Los sueños invencibles que pueden con el sueño que tenemos al despertar temprano.
En los cuadros manchados de cacao soluble, café y alcohol.
En las fotografías de momentos capturados en los mejores años y las más gratas experiencias.
Los viajes independientes, incluso al pueblo más cercano.
Los "te quiero" verdaderos pero mejor callados.
Porque ya sabéis lo que dice nuestro amigo William, "es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras."
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