9/10/15

Nulos anhelos.

Era partícipe de las lágrimas de morriña acumuladas por las nostálgicas despedidas.
Su vida dependía de su arte, y de sobrevivir.
Sus muñecas intactas, su vida consumiéndose como aquel cigarrillo olvidado apoyado en el cenicero. Como las puertas rotas de aquella casa abandonada cercana a ese lago, en el que personas con o sin alma, bañaban sus desnudos cuerpos en él, con ningún tipo de intención.
Aquellos cuerpos que jamás formaron parte del suyo.

En ello consistía su vida, en vivir.
A veces disfrutaba al golpear aquella puerta hecha trizas y con la pintura desgastada, por la cantidad de aire y humedad que invadía aquel espacio, eterno y a la vez finito.
Las letras de soledad invadían su habitación como si de una guirnalda se tratase.
Su ordenador era el único que compartía todos los momentos instantáneos, aquellos que siempre eran odiados por ciertas personas.

Típico, hacer obvio lo que se desconoce; es por eso que grababa su felicidad, para que al llegar a su pequeña burbuja, no se sintiera tan triste y solitaria como la vida que ella llevaba.

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