2/12/18

Tercera guerra mundial.

La vida no paraba de acatar mis órdenes como si fuera una dictadora fusilando con palabras y matando sentimientos inocentes con hechos de doble filo. Gritándole al viento como si estuviera echándole la bronca por no dejarme suspirar en el ejército del aire. Enfadándome con la lluvia porque no te deja ver mis lágrimas aún sin permanecer a flote en alta mar. Mandando a cien soldados a combatir hasta lo más profundo de mi corazón, tratando de atravesar las barricadas de los puñales clavados en mi espalda. Cantando el paso, proporcionando el parte, prendiendo un paradigma, hacerme la digna; tomar el poder, tras tomarme una copa. Jurando bandera a mis rizos, cambiar de operación, hacer nubes de humo y desaparecer sin saber a donde, siendo cenizas de una guerra que no se ganó. Prisionera de conflictos bélicos que siempre quiere ganar y no, cuando los sentimientos mueren, las guerras no las gana ningún bando,  nadie gana una discusión, nadie se aprende un guión, nadie pone en práctica la táctica. No. Con miedo no. Amanezco con resaca, como el mar, rescátame, esto ha sido un sabotaje. Mi mente desborda olas de represión, de depresión, de revolución. La rebelión que necesito son mi mente, mi cuerpo y mi corazón (la Triple Alianza) luchando por lo mismo, pero están todo el día discutiendo como para ponerse de acuerdo.

Están siempre en guerra
como nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Las aportaciones subjetivas me llenarán como bloggera, las constructivas a mejorar y las negativas sin argumentos a ignorar y a avanzar.