No sirvo para ser la amiga de nadie, tampoco la novia.
Vivo de tantas ilusiones y sueños que siempre acabo pegándome contra la pared,
aún sabiendo que está delante mía y que me puedo chocar contra ella.
Tengo miedo, miedo de no ser nada para nadie, de enamorarme o de simplemente
hacer daño a alguien.
Tengo tantos miedos que no sé reflejarlos.
Echo de menos a tanta gente, que se convierte en una sola persona.
Y que no está aquí conmigo.
Te echo tanto de menos, tanto...
Tal vez necesito verte por última vez o quizás el destino no quiere que eso sea así.
Que me veas crecer desde aquí, no desde allá arriba.
A veces las putas nubes no te dejan verme.
Y vivan mis malditas contradicciones.
Aquellas en las que mi alegría era ver llover y ahora me quejo de que no me dejan ver
claramente lo que no se puede ver.
Nunca creía que se me fuera hacer tan jodido esto de olvidar a una persona que ha convivido conmigo 14 años.
14 putos años en los que sin darme cuenta era feliz. Y que con 16 no tenga ni puta idea de lo que significa felicidad.
¿Por qué cambio tanto de ánimo? Ojalá no fuera así, ojalá no fuera yo, ojalá yo ya no estuvie...

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