Estoy rodeada de buena gente que pretende ser mala. Con corazones que laten casi tan fuerte como los altavoces en un concierto.En un concierto lleno de conciencias tranquilas y otras que no lo están tanto. Supongo que cada día es único, que los pobres también son ciegos. Y no solo hablo de dinero.
Ese ciego que cogió un cartel de cartón, un rotulador y escribió: "Soy ciego, ayúdenme."
Pocas monedas caían en ese sombrero, por no decir que solo tuvieron piedad en echarle un par de personas que pasaban por ahí.
Probé por quitarle el cartel y escribirle: "Hoy es un día increíble, por desgracia no puedo verlo. "
Toda la gente que pasaba se paraba y echaba dinero.
Pase otra vez por ese sitio, que por un momento había cambiado por completo y se había convertido en un lugar mágico, por la felicidad de ese hombre. No paraba de asombrarse.
Olió mi perfume y grito:
-¡Por favor, vuelva!
Me giré y sin ninguna duda, volví.
-¿Que ha escrito en mi cartel?
+Lo mismo que usted pero con otras palabras.
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