¡Qué jodido es esto de creer que no eres adicto a nada!
El estrés no lo quitaba fumando,
lo hacía desaparecer mordiéndose las uñas,
o al menos se desvanecía en intérvalos.
A un ritmo irregular,
como la serie de picos de las montañas más desiguales,
como aquel tiempo que nevaba lluvia,
y llovía nieve.
Le costaba creer que el amor en sí, existía.
Quizá nunca lo había experimentado,
probablemente echaba de menos algo,
algo que no había existido jamás.
¡Qué jodido es esto de no creer en el amor!
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