Mil historias contándose,
inesperadamente,
sin quererlo.
Verbalmente,
a través de gestos,
también de besos.
Gente con prisa,
sin sonrisa,
sonrisas de gente
sin ninguna prisa.
Mil paradas;
unas al corazón,
otras abarrotadas
otras muchas,
llenas de desolación.
Miradas entre turistas enamorados,
enamorados sin pinta de turistas
ciegos enamorados
a primera vista.
En un metro incomprendido,
sin llegar a entender el porqué
de tantas idas y venidas.
En un lugar
donde la música
cuenta toda y cada una de esas
mil historias desprevenidas.
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Las aportaciones subjetivas me llenarán como bloggera, las constructivas a mejorar y las negativas sin argumentos a ignorar y a avanzar.