12/12/16

Querido Manuel,

Tuve la suerte de tenerte a metros cada noche, de tenerte a centímetros cada mañana.
Tuve la suerte de estar entre tus brazos midiendo centímetros y pesando apenas 4 kgs.
Tuve la suerte de jugar con tus sonrisas, de haberte rabiar siempre acabando con carcajadas.
Tuve la suerte de verte dormir; hasta recuerdo que tus ronquidos me producían pesadillas.


El jamón, ya no me sabe igual, créeme. Quizá será porque ya no lo cortas tú.
El solitario se siente aun más solo porque no estás a su lado, ni siquiera al nuestro.
La playa no está igual de bonita desde que no vienes hacia mi con el periódico en la mano.
Los inviernos, ya no me gustan tanto desde que decidiste irte con una sonrisa.

Cada vez que aparece la niebla te recuerdo, todos esos días nublados huelen a humedad y tristeza, y saber...saber saben amargos, como si fuera 12.
Cada vez que llega la primavera te recuerdo, todos esos días los ojos se me llenan de lágrimas, y créeme si te digo que no es por el polen.
Cada vez que aparece el otoño, viene el invierno, y llega la primavera y no, no hay verano; los cacahuetes tampoco saben igual. Quizá será porque ya no los pides tú.

Miro mis manos y me acuerdo de las tuyas; desde que te fuiste, ya no pueden sentirse tan pequeñas.
Miro a los ojos de la abuela y están una vez más acordándose de ti.
Y duele. Duele que en casa siga oliendo a tabaco, porque aunque te extrañe, una vez más, me recuerda a ti.

Juro que, me arrepiento,
soñaría, desearía.
Juro que te necesito, 
rezaría, te perseguiría.
Juro que daría mi vida
o tal vez mi muerte 
por verte volver,
por volver a verte.




TE QUIERO.










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