Los poemas son familias
que se agarran de la mano de sus versos
viéndoles crecer.
Que caminan adornados de metáforas
de lana, de seda, según la estación de tren.
Que se paran con las palabras cuando se pierden,
y les indican si el camino es recto,
hacia la ironía
o hacia el derecho
de lo que es o no poesía.
Los poemas son las carrocerías
que se rasgan por el roce de los cuerpos
que más conducen hacia la aliteración.
Que se comunican leyéndose los labios
en cualquier metáfora o personificación.
Que se topan con la muerte, con la indecisión,
que se chocan con la imprecación,
con su propia interrogación:
¿Y si todo lo que es poesía resulta no ser canción?
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