29/11/15

XIV.

Las teclas de mi ordenador brillaban,
al igual que mis ojos enfermos,
sí, enfermos y llenos de recuerdos.

La melancolía los hizo llorar,
las pestañas derramaban la sangre negra monocroma,
que jamás había derramado en lágrimas.

Una parte de mi moría,
triste y adormecida...

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