Era un alma triste y solitaria.
Hasta que de repente un día
se puso sus perlas y su sonrisa.
¡Cómo brillaba!
(sí, sus perlas también).
Compuso una canción
y tarareándola,
creó magia en sus cuerdas vocales.
Un ritmo consonante también con sus rizos.
Se montó en un velero.
Revisó todas sus redes sociales
y paró de navegar.
Encontró a su otra mitad,
ahí en medio del mar.
Tirando al agua un viejo espejo,
y en su reflejo ,
se comenzó por fin a admirar.
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Las aportaciones subjetivas me llenarán como bloggera, las constructivas a mejorar y las negativas sin argumentos a ignorar y a avanzar.