Encontré el lienzo perfecto.
Pinté tu cuello de besos,
frío, caliente,
quizás al temple.
La composición diagonal de dos almas
tu el brillo y yo la oscuridad,
el contraste más preciso
de nuestra ciudad de vacuidad.
Fuiste mi color primario,
a veces frío, a veces cálido.
Y como no todos tus defectos
se encargaron de ser los secundarios.
Me miraste, pero sin saber la perspectiva:
aérea, jerárquica o tal vez subjetiva.
Me fijé en tu rostro y en tus ojos,
en tu intensidad y en tus sonrojos;
indicándome, con alguna que otra arruga
cuando iba a ser tu punto de fuga.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Las aportaciones subjetivas me llenarán como bloggera, las constructivas a mejorar y las negativas sin argumentos a ignorar y a avanzar.